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12 febrero 2009

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Si David-Ivar Herman Düne no existiese, habría que inventarlo.


01 febrero 2009

La(s) ciudad(es) de Gabriele Basilico

"Al llegar a una nueva ciudad el visitante reencuentra un pasado suyo que había olvidado que tenía. La extrañeza de lo que ya no eres o de lo que ya no posees te espera en el umbral de los lugares ajenos y no poseídos."

Italo Calvino. Las Ciudades Invisibles.


Tranquilos, no pienso en retomar mi antiguo proyecto de traducir e ilustrar las deliciosas ciudades invisibles de Calvino, aunque el haberme encontrado estos días con una horrenda versión en castellano invitaría a ello. El caso es que hoy cierra la sección lucense de Photo Galicia, y parecía necesario lanzar un tardío y reiterativo aviso para navegantes. Si el año pasado tuvimos el placer de disfrutar una muestra del trabajo de Sylvia Plachy, la Fundación Caixa Galicia acogía esta vez las obras, quizás no tan deslumbrantes pero igualmente magnéticas y cargadas de sustancia, de Gabriele Basilico.

Basilico retrata ciudades desde hace treinta años. Lo hace a través de fotografías en blanco y negro, tomadas en ocasiones desde las calles, a menudo desde torres o azoteas. Sus imágenes son aparentemente frías, distanciadas: una constatación minuciosa, objetiva, de la expansión imparable, ordenada o caótica, del tejido urbano.

Con su profundidad de campo constante y sus encuadres que oscilan entre la asepsia y la perspectiva levemente desquiciada, Basilico difícilmente contribuye a facilitar la lectura, la comprensión espacial y semántica de esos monstruos a los que llamamos ciudades. Huye de los tópicos iconográficos, y muestra su predilección por la periferia de Estambul, Lisboa o Moscú, en vez de por esos centros ampliamente inmortalizados por postales de siete a un euro. Tampoco me atrevería afirmar, salvo en casos concretos, que Basilico manifieste particular simpatía por estos espacios fronterizos, mutantes, por estos no lugares ansiosos por una definición.




Si acaso, en sus mejores imágenes, Basilico logra captar la potencialidad implícita en la impersonalidad de los espacios. Sus fotografías ofrecen la posibilidad de habitar y reordenar la ciudad con la imaginación; su renuncia a apropiarse de las ciudades a través de la cámara permite que seamos nosotros los que las habitemos, nos invita a leer en sus formas torturadas nuestra propia historia, hace posible que proyectemos en las calles, azoteas y descampados nuestra propia retícula espacial, el modo único e irrepetible en que nuestra experiencia nos ha enseñado a interpretar y vivir lo urbano. Quizás por eso, en cada una de las ciudades de Gabriele Basilico cada uno reencuentra aquella su ciudad.

04 diciembre 2008

La Soledad

Espero tener un poco de tiempo este puente para poner en orden algunos asuntos, entre otros desarrollar en otro lugar un resumen más o menos funcional de lo que ha dado de sí esta edición de Cineuropa. Pero, antes de despotricar hasta quedarme a gusto sobre las indecentes condiciones de proyección, las lagunas de la programación o las miserias del público, es justo reconocer, aunque sea con nocturnidad, retraso y alevosía, que la última jornada del festival me regaló ayer la tercera obra grande de esta edición. Me reconcilia un poco conmigo mismo que haya sido La Soledad, de Jaime Rosales, la última (gran) película de esta edición.

No había tenido aún la oportunidad de ver en el cine el segundo largo de Rosales, y en su momento Las horas del día no me había producido más que escepticismo, reproches y decepción. Algunas dudas y varias incertezas lastran aún el discurso de Rosales en La Soledad. Quizás tengamos tiempo de analizarlas si finalmente escribo el que promete ser un hilarante post sobre cine supuestamente experimental y su recepción por parte del público; de momento, me limito a reconocer que pese a estos reparos intelectuales, La Soledad acabó por desarmarme emocional y visualmente.

25 noviembre 2008

Waltercio Caldas: la liberación de los lugares

Ante la alternativa entre renunciar a comentar mi visita dominical a la exposición de Waltercio Caldas en el CGAC y esbozar un par de apuntes deslavazados y poco inspirados antes de entregarme al reposo nocturno, escojo la opción c. Os dejo con un extracto de un magnífico estudio crítico sobre el artista:
" La estética de este creador brasileño podría comprenderse desde dos de las famosas propuestas de Italo Calvino para el próximo milenio: levedad y exactitud. Por la primera entiende un apartarse de la pesadez del mundo para emprender un vuelo simbólico en el que es imprescindible un humor cercano a la melancolía; la exactitud tiene que ver con un diseño de la obra bien definido y calculado, la evocación de imágenes nítidas, incisivas y memorables, y el lenguaje más preciso posible como léxico y en tanto que forma de expresión de los matices del pensamiento y la imaginación.

Podemos pensar que la exactitud se relaciona, aunque parezca paradójico, con la indeterminación, pero también con esa convicción mística de que «el buen dios está en los detalles». Contemplando la fantástica serie de piezas (...) encontramos tensión y equilibrio, un diálogo entre materiales (el acero inoxidable, los hilos de lana, el onix) que, sin ofrecer ningún significado cerrado, nos lleva a experimentar una honda sensación de placer estético."
Si bien mi entusiasmo ante la muestra no es completo, me apoyo en esta idea del placer estético y me atrevo a recomendarla a todos aquellos que creen que no es posible disfrutar, simplemente disfrutar, en un museo de arte contemporáneo. Comprobadlo hasta el 7 de diciembre en el CGAC. El artículo, por cierto casi tan placentero como las obras en sí, completo aquí.

15 noviembre 2008

Elogio de la mirada: Aruitemo, aruitemo

Tras un día de baja en el festival por agotamiento, con una contractura brutal en la espalda, contra todo pronóstico y con los hados en contra, ayer vi la primera película realmente grande en esta edición de Cineuropa. Una manera de presentar la conmovedora Aruitemo, aruitemo, de Hirokazu Koreeda, sería describirla como una lección sobre el respeto a la distancia: distancia en la construcción de la imagen, respeto en el acercamiento a un maravilloso grupo de personajes/actores. Otra propuesta igualmente legítima sería valorarla como una reivindicación de la mirada, y de la capacidad de los objetos y de las acciones de revelar su densidad y su fuerza mediante la simple observación, sin forzar ni imponer un significado.

Sin embargo, temo que las dos últimas frases robarán más que ganarán espectadores para el hermosísimo film de Koreeda. Probemos entonces diciendo que se trata de una fábula delicada sobre el paso del tiempo, las relaciones de familia, los silencios, los secretos, el peso del pasado y la tradición y sobre la capacidad de cambio del ser humano. Intentemos aclarar que se trata en el fondo de una obra sorprendentemente sencilla y amena, con una construcción clásica que permite desplegar sin alardes su sabiduría humanista, repleta de una inteligencia sutil, melancólica pero decididamente optimista en el fondo. La proyectan por última vez mañana sábado a las diez de la noche, y creo poder afirmar que serán un poco más felices si están allí.

11 noviembre 2008

Diritto di cronaca

Escribo aún con las piernas entumecidas, tras dos horas y cuarto viendo Gomorra desde el gallinero del Principal, apenas a un par de metros del hueco desde el que asistí a la proyección de Entre les murs hace dos días. Diritto di cronaca, derecho de crónica, es la expresión utilizada en italiano para referirse a la libertad de expresión articulada a través de la narración de hechos y dirigida a una colectividad. Aquel cuyo ejercicio ha costado el exilio a Roberto Saviano, coguionista y autor del libro original; el mismo que lleva al escritor, crítico y profesor francés François Begaudeau a volcar su experiencia personal como profesor en una novela, y después en un film homónimo que coescribe y protagoniza.

Ambas películas son extraordinariamente hábiles, cada cual a su manera, en adquirir una cadencia narrativa propia que al tiempo que seduce al espectador permite a las obras fundirse con la realidad que representan. En cierto sentido, ambas juegan con un imposible grado cero de la escritura cinematográfica: sus autores, llevados seguramente por unos presupuestos éticos cuya dignidad no vamos a negar aquí, optan por su autocancelación como tales en el discurso. La película de Cantet, director de la tan contenida como desgarradora El empleo del tiempo, combina magistralmente un sólido armazón dramático con la frescura de su reparto; Gomorra apuesta por una narración caudalosa, pausada, que huye sea del recurso fácil del verismo sea del manierismo. Y, aunque resulta difícil negar su valentía y su valor como crónicas necesarias y eficaces de su tiempo, se alejan ambas sin dejar huella, sin peso, indistinguibles e indiferentes de la realidad con la que honestamente decidieron fundirse.

08 noviembre 2008

En el marco del arte

Buscando refugio de la lluvia acabé esta tarde en la Galería Trinta, en Virxe da Cerca, visitando la exposición En el marco del arte, de Esther Ferrer. Se trata de una serie de trabajos que la artista lleva realizando desde los años ochenta, y que exploran la idea de marco como elemento clave en la relación entre el observador y la obra de arte. Objetos imposibles (una televisión enmarcada, una silla hecha de marcos) o absurdos (marcos que nada enmarcan) ocupan los dos espacios de la galería.

Pequeñas instalaciones o esculturas, que juegan a descontextualizar el marco como objeto y como idea, para comprobar de que modo se modifica en consecuencia la experiencia perceptiva. Las piezas más interesantes son aquellas más simples, las que con ligereza y delicada ironía reflexionan sobre la relación entre el marco (y el espacio expositivo en general) y el contenido, y por tanto sobre la forma en que la institución organiza nuestra visión. En varias de las instalaciones, por desgracia la propuesta se sobrecarga y se torna barroca, críptica y menos interesante.