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20 abril 2009

Asesino en serie

Para Kafavis estoy yo! Un poco líado ando estos días, a Dios gracias. Le robo dos minutos a cosas más urgentes para pedirles que me coloquen ya en marcadores uno de nuestros blogs de referencia (vale, mi blog de referencia) en el proceloso mundo de la ficción televisiva. Damos por supuesto que comparten la idea de que la otrora caja tonta se ha convertido en el refugio de algunas de las narraciones audiovisuales más inteligentes, bizarras, pregnantes y gozosas de nuestra actual cultura popular.

Alberto Rey aborda el tema como debe ser, con mala leche e ironía, con golosa y culpable perversión, con un criterio inevitablemente personal e impecablemente argumentado. Más allá de posibles sintonías entre filias y fobias, es bueno tener una voz con criterio a la que aferrarse entre tanta serie de culto y tanto fan de Prision Break. Aprovechamos, aún fans de Rohmer como somos, para suscribir alegremente uno de sus últimos posts.
"Desde luego, no seré yo quien defienda una televisión a ritmo de película de Rohmer, nada más lejos de mi intención. Pero tampoco me interesa un medio en el que todo es de colores saturados y que se mueve en fast forward. Yo también veo la televisión para desconectar y dejarme engañar por una fantasía, pero me niego a que esa desconexión sea tan sencilla (y tan patética) como la de un rebaño de vacas hipnotizadas por el paso de un montón de ciclistas vestidos con maillots fluorescentes. Una cosa es ver la televisión para no pensar en los problemas cotidianos, y otra muy distinta es verla para no pensar, a secas."

06 febrero 2009

Tiempos pasados

Nuestros lectores más observadores habrán observado que, a la chita callando, hemos subido a Xanaz algunos de los posts de su difunto blog hermano. No todos, claro, sino aquellos que escapaban un poco de la pretendida inmediatez del proyecto. Párrafos que no valen gran cosa, pero que quizás tampoco merecían languidecer en ese limbo. Está bien, creo, tenerlos aquí, a modo de testimonio de un pasado paralelo.

De tiempos pasados espero escribir, por fin, este fin de semana. Había casi abandonado la idea de publicar uno o dos posts sobre los cambios en la estructura narrativa de Lost, sobre sus repercusiones sobre el significado y la trascendencia cultural de la serie: había olvidado lo que quería escribir y, sobre todo, no recordaba porque una vez había creído importante (importante... cielos, es un blog, esto!) o interesante escribir sobre ello.

Sin embargo, mi ración semanal de la serie, anodina rutina desde hace ya tiempo, recobró por una vez una vitalidad olvidada. Un retorno de la densidad, de la pregnancia del pasado: un abandono, momentáneo seguramente, de las formas desquiciadas de las dos últimas temporadas, de esa temporalidad simultánea, modificable y en el fondo irrelevante, en favor de un presente fugaz pero corposo, en el que resuenan poderosos, trágicos, los ecos del pasado. Difusamente a lo largo del episodio, de manera tangible durante una secuencia, Lost dejó de insistir literal y cansinamente en la idea del tiempo para hacernos sentir su huella devastadora.

05 noviembre 2008

Sangre catódica

Entre pitos y flautas, ando bastante desconectado últimamente en lo que a series de televisión se refiere. Aparte del correspondiente chute semanal de veinte minutos, la única serie que sigo más o menos simultáneamente a su calendario de emisión (en EEUU, por supuesto; ah, qué también ponen series por la tele, esa tele?!) es la vampírico-sureña True Blood. Se trata del nuevo proyecto de Alan Ball, conocido por sus guiones para American Beauty y Six Feet Under, que por cierto tengo pendiente de recuperar en condiciones para ver si supero mi indiferencia inicial.

True Blood se sitúa un pequeño pueblo del Sur, en un futuro hipotético y no demasiado lejano marcado por la convivencia más o menos consolidada entre vampiros y humanos. Aún no he decidido si las muchas irregularidades de la serie se deben a su tono poco convencional y a su atrevida mezcla de géneros o si simplemente les ha salido así, irregular. Sigo viéndola, de momento, aunque sólo sea por esa magnífica ambientación en una América rural, zafia, poblada por un elenco de personajes secundarios admirable, que por momentos (también debido a esa subtrama criminal que revolotea por el fondo, quizás un poco demasiado por el fondo) nos trae Twin Peaks a la memoria.


Otra virtud indiscutible de la serie es la libertad con la que, sirviéndose de la trama vampírica, retrata impietosamente perversiones sexuales, prejuicios raciales, drogas existentes y por inventar y otras trasgresiones normalmente vetadas en la caja tonta. Si las diferentes piezas del retablo terminan por encajar se comprobará sólo con el tiempo, aunque intuyo que a la urgente y mordaz narrativa de Ball no termina de importarle demasiado. Y si no, siempre nos quedarán los magníficos títulos de crédito, que contienen por sí mismos más inteligencia y talento que una temporada entera de Aída, House o, sí [no-esa]M., Heroes.






Enlaces con una calidad bastante satisfactoria
aquí.