Terroristo
Una vez que aprehendo que una coalición progresistas y laica ocuparía en la actualidad entre un quince y un treinta por ciento del parlamento (los cálculos dependen de si contamos al viejo partido comunista, actualmente en proceso de fusión con la asociación pro-cilicio) decido que, ya puestos a hacer algo inútil, daré mi voto al Partido Radical. Razones sentimentales, supongo, o la consolación de que son los únicos que cuando hablan no me hacen abochornar de mi doble condición de ciudadano occidental y residente en Italia.
No descarto cambiar de idea si descubro entre las listas electorales un Partido Anticlerical o un Movimiento para la Prohibición del Bautismo a los Menores de Edad (MPBME: con esta sigla el éxito está asegurado). Un voto sanguíneo, irracional, guiado por el mismo instinto primario que mueve a los electores del Frente Nacional, la Lega Nord o el PNV, pero con la sana intención de nivelar un poco la balanza en esta inigualable comedia humana que es la vida política italiana.
Family Day.
- Habrà un montòn de curas.
- Igual es mejor si dejamos a los niños en casa.







