13 enero 2009

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Por el momento he conseguido salvar los datos de mi ordenador, comprobando de paso que su disco duro albergaba cinco películas de Tsai Ming Liang, cuatro canciones de un grupo llamado ¡Forward Russia! y un número indeterminado de fotografías desenfocadas, perfectamente prescindibles, invitablemente morriñentas. Todo gracias a un Cd de linux autoejecutable (¿? yo también) y, claro, la inestimable ayuda de Aguachimini. Gracias, chavalote!

12 enero 2009

Los 10+1 más mejores discos del 2007: parte two [sic]

Julie Doiron - I Woke Myself Up

Explíquenmelo, por favor. Cómo se hace para no reverenciar a una mujer que comparte letanías acústicas, confesiones íntimas y susurros en un escenario (y poco después en un disco extraordinario) con Mount Eerie, y que una hora más tarde agita la melena al viento - cabezazo va, cabezazo viene - mientras revive en directo el rock lo-fi de Eric's Trip, la banda con la debutó en el mundo de la música a principios de los noventa. Sin contradicciones, con naturalidad gloriosa; la misma con la que mezcla folk, pop, rock, desilusiones y optimismo, serenidad, ingenuidad, rabia y ternura en su último trabajo firmado en solitario. La acompañan en varias canciones, por cierto, sus compañeros de correrías de juventud, e incluso produce uno de ellos.

Así, inevitablemente, el disco suena más compacto e intenso de lo que suele ser habitual en ella. A las melodías de guitarra acústica y a su voz, ahora frágil ahora poderosa, se suma un soporte rítmico nada desdeñable, que llena de energía muchas de las canciones - algunas inesperadamente optimistas, otras escarbando aún en los remordimientos, la culpa o la nostalgia. Sin embargo, con banda o sin ella, Julie Doiron conserva el gusto por el boceto, por la cotidianeidad hecha canción, por las melodías apenas esbozadas que se pierden y se reencuentran. Y así, oscila sin complejos. con una falta de ambición engañosa y desarmante, entre la Kimya Dawson más naïf ( I left town) y la PJ Harver pre-canciones de naná (Don't Wannabe Liked By You). Asombrosa.


Little Wings - Soft Pow'r

Por suerte, el título que encabeza este post no se refiere para nada (sería ya el colmo) a los discos más grandes del 2007. Little Wings, por desgracia, hubiesen tenido que quedarse fuera de la lista. Proyecto musical del artista multidisciplinar (no, no aceptamos freak) Kyle Draws, Little Wings hacen música delicada y preciosa. Soft Pow'r, apenas siete canciones, es ante todo un manifiesto de amor hacia las cosas pequeñas, que emociona por su calidez, deslumbra por su ingenio y cautiva por su swing.

Primos lejanos de nuestros queridos Ben&Bruno (cuya ausencia en la lista se debe exclusivamente al post en exclusiva que les dedicamos; de otro modo la hubiesen encabezado) apuestan también por reducir al mínimo los elementos como base para sus canciones: guitarra, inspiradísimos juegos de voces, elegantes percusiones, pianos ocasionales. Sin embargo, allí donde aquellos se limitan a los territorios más o menos amplios del folk, Little Wings introduce inesperadas, tímidas pero encantadoras derivas hacia una especie de soul pastoral. Contenida e irresistible invitación al baile solitario, a arrastrar los pies con los ojos cerrados en habitaciones en penumbra. Música cuya desnudez acongoja, que de puro pequeña se vuelve enorme.




Panda Bear – Person Pitch

Hace tiempo que tengo en mente un experimento sociológico de importante relevancia cultural. Se precisa un coche, cuatro amigos sin particular inclinación hacia términos como tropicalismo, experimental, psicodelia o afropop, un reproductor de Cd's, el último trabajo en solitario del animal Noah Lennox. Con discreción y sin introducciones previas de ningún tipo, se desliza el Cd y se pone la tercera pista. Después, tras los doce minutos de delirio inflamado y feliz - pop pluscuamperfecto e irresistible - de Bros, se buscan las huellas de la felicidad en los rostros de la gente.

Brian Wilson con un cargamento de drogas, encerrado con una colección de LP's durante todo un fin de semana en una pajarería. Es una definición aproximada, poco original pero eficaz, de la imagen mental que evoca Person Pitch. Meter en una licuadora cantos gregorianos, ritmos latinos, electrónica, samples a discrección, voces, voces, más voces, ahora un gritito, y que en vez de un churro salgan al final composiciones de exactitud matemática y garantizado jolgorio. Panda Bear estimula con igual éxito el intelecto y las entrañas. Por un prodigio inexplicable de alquimia musical el oyente es consciente de la belleza, elegancia y complejidad de las piezas al mismo tiempo que se abandona a su sensualidad rítmica. Meses y meses más tarde se siguen encontrando prodigios inesperados en mitad de cada canción: diez, quince segundos, en los que parece revelarse el orden musical del universo.

10 enero 2009

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Mi portátil ha muerto, por cierto. En los próximos días intentarán ayudarme a resucitarlo o, por lo menos, a salvar lo que escondía su memoria. Mejor no pregunten desde donde escribo.

El absurdo sublime y viceversa: Guido van der Werve

“El artista holandés Guido van der Werve hace el tipo de películas con las que Caspar David Friedrich hubiese soñado si tuviese sentido del humor y acceso a una cámara. Cargadas con una atmósfera de melancolía, pérdida y soledad, centradas en compositores muertos y en formas de baile con siglos de antigüedad, pero encendidas por el amor hacia el piano y la comedia absurda.

(...) Tienen el tipo de sensibilidad que Jörg Heisser definió como Conceptualismo romántico: una condición de gozo voluptuoso que se superpone a la rigidez de la ejecución conceptual a la que Van der Werve está obviamente ligado, con sus planos severos y poliédricas referencias a la historia y el tiempo.”

Jennifer Higgie. Frieze Magazine.

Es posible ver en youtube reproducciones parciales y de baja calidad de la obra: aquí y aquí.



Nummer acht: Everything is going to be alright, la obra de van der Werve en muestra hasta hace pocos días en una pequeña sala a orillas del Támesis, juega efectivamente con muchos de los elementos a los que hace referencia el texto. La proyección, que ocupa una entera pared, consta de un único y genial plano fijo, rodado con teleobjetivo. El artista camina delante de un gran buque rompehielos, en algún lugar perdido en medio de la Antártida. La perspectiva engañosa fortalece la sensación paradójica que produce la imagen: la pequeña figura humana parece abrir camino a la nave, afrontando con mucha mayor facilidad – con delicadeza casi – el enfrentamiento con un medio hostil.

Naturalmente es imposible ignorar el carácter absurdo y delirante de la acción y, por extensión, de la pieza que la documenta y exalta. El plano frontal de un hombre abriendo camino a una máquina nos remite directamente, de hecho, al Keaton de The General, una de las cumbres de la slapstick comedy. van der Werve comparte en cierto sentido con el gran cómico mudo una concepción trágica y desesperada, una mirada hacia la grandeza humana, a su capacidad de superación y de trascendencia, que pretende ser a un tiempo inocente y desencantada.

La sensación de frente al film del artista holandés es, de cualquier forma y en primer lugar, de rendida admiración ante la belleza, física y conceptual, de la imagen. Sólo en un segundo momento, y a medida que transcurre la proyección, aletea de fondo la sensación, perturbante, de que tras lo sublime se esconde el absurdo.


08 enero 2009

Los 10+1 más mejores discos del 2007: parte one [sic]

The National. Boxer.

Curioso. Si me hubiesen preguntado hace un año cual de mis discos preferidos de aquel entonces dejaría de escuchar antes hubiese apostado por el cuarto LP de los de Ohio. Sonaba demasiado certero, demasiado inspirado, demasiado cercano a un cierto pathos e inmediatamente accesible como para suponerlo perdurable. Sin embargo, por el momento, sigo rindiendo religiosamente un par de escuchas mensuales a una colección de canciones que no deja de crecer, hasta superar al anterior y ya revelador Alligator.

Elegante, oscuro, vagamente siniestro, inesperadamente romántico, Boxer se sostiene ante todo en las variadas y ricas bases rítmicas de bajo y batería. The National alcanzan sus cotas más altas cuando la voz desastrosa y genial de Matt Berninger se pliega y se rebela a un tiempo a estos ritmos elegantes, urgentes pero contenidos. Lo consigue, por cierto, sorprendemente a menudo, y logra resultar de paso incomprensiblemente amenazante cuando se le supone seductor, arrebatador cuando canta al apocalípsis. Si además las guitarras más o menos afiladas se entremezclan con el protagonismo inesperado de teclados y metales, el resultado - Brainy, Fake Empire, Apartment Story, Start a War - no puede sino convencer y, sí, perdurar.




Port O’BrienThe Wind and the Swell

A punto estuve, ya en 2008 y al editar la banda su primer LP, de escribir un post anunciando que Port O’Brien habían perdido el rumbo. Podríamos discutir sobre la clase de monstruos en que nos ha convertido la red sidamos por acabada a una banda que acaba de sacar su primer disco, o debatir sobre si los coqueteos con los desarrollos progresivos setenteros de All we could was sing suponían un acierto o un lastre. El verdadero problema era que nada que hubiesen editado habría podido repetir esa conjunción astral que los llevó a juntar tamaña colección de piezas folk destartalado, canciones tocadas por la gracia divina del amateurismo inspirado, que llamaron The Wind and the Swell.

Resulta difícil de creer que el álbum es en realidad una recopilación de canciones de dos EP’s precedentes, y no producto de una tarde de resaca y café con los amigos, en una casa grande con vistas a la bahía. Las referencias marinas más o menos explícitas parecen inevitables a la hora de abordar (ven?) el album: Van Pierszalowski lo escribió en Alaska, donde pasaba largos períodos trabajando como marino. No obstante, las sensaciones que transmite son más génericas, más grandes, más ambiguas. Un sofa flotando hacia mar adentro, la música que suena mientras se aleja de la orilla; melancolía, distancia, soledad, amistad, recuerdo; prodigios cotidianos que se repiten, canciones que curan, pequeños milagros.




Animal Collective Strawberry Jam

Con la de discos interesantes que se editan durante el año y sobre los que podríamos escribir aquí, quizás sería mejor lavarnos las manos como otros, meter a los animales y al panda en un pack y ahorrarnos un slot. Ya. Pero, me pregunto, acaso tienen ellos la culpa de estar pariendo continuamente los discos pop más bellos, inteligentes, divertidos, histéricos, complejos y abrumadores del último lustro? Animal Collective están llamados a convertirse antes o después, a poco que el universo tenga algo de ese orden musical que anunciaban los sabios, en un fenómeno de masas. Hace poco comentaba con alguien que su directo actual, en formato trío, es lo más parecido a una verbena de qualitè: una fiesta popular donde lo sagrado y lo profano se unen en un éxtasis colectivo. No hablo de drogas, por cierto.

Ah, el disco, sí. Del LP en su conjunto poco podría decirles; lo habré escuchado en secuencia tres o cuatro veces. Fireworks, en cambio, quizás la haya puesto veinte o treinta veces en una semana, al igual que Peacebone o For Reverend Green. Será que más que nunca los animales se dedican a fabricar perfectas gemas de pop psicodélico; o será que cada una de estas canciones contiene mil y unas pistas que nos invitan a adentarnos por senderos infinitos de voces, ruidos y melodías superpuestas, sin que por un segundo dejemos de sentir la inmediatez gozosa de la canción. Qué quieren, en ellas uno se pierde feliz.



Bishop AllenThe Broken String

Bishop Allen & The Broken String serían la excepción en el afán revisionista que mueve esta serie de posts. Hacía ya unos cuantos meses que no escuchaba el segundo largo de la banda, un conjunto de amables y burbujeantes canciones, resultado de un año compositivamente febril en el que editaron un EP por mes. Suenan de fondo mientras escribo estas líneas y me desvivo con el ecualizador, intentando que las melodías que salen de los altavoces se asemejen a la música cálida, inmediata, ligeramente tontuna, vagamente melancólica, asequible, definitiva y concienzudamente pop que me acompañó casi día tras día durante un año espantoso.

Quizás, una vez cumplida su función, el embrujo de Bishop Allen se haya desvanecido para siempre. Es posible que la euforia sin sentido de Flight 180, la energía de Rain, el encanto irresistible de Butterfly Nets y, en general, la magia que desprendía cada acorde y cada melodía no vuelvan a alcanzar cierto nivel sin el contrapunto de un determinado momento personal. Queda en cualquier caso un puñado de canciones estupendas, un trabajo increíblemente compacto en el que hasta las piezas voluntariamente menores suenan inspiradas, divertidas, felices. Un disco para mover los pies, corear los estribillos, esbozar una sonrisa y sentirse, momentánea e injustificadamente, un poco menos solos.

07 enero 2009

Los 10+1 más mejores discos del 2007 [sic]

Cada año, desde principios de diciembre, la prensa más o menos seria y todo hijo de vecino con blog que se precie se enzarzan en una competición por elaborar las más descabelladas y absurdas listas con lo mejor del año. Desde pequeñito soy alérgico a todo intento de encasillamiento; creo que me negaría a escoger un libro, una película, una comida o un #%¡# color favorito aunque me fuese la vida en ello. Y sin embargo, ay, cuando llegan estas fechas ojeo como todo quisqui los top50, 77 o 100, intentando averiguar que magnas obras de la industria cultural nos hemos perdido en el último año. Es concreto, la frivolidad implícita en eso que venimos llamando música popular pide a gritos listas de éxitos, toptens, mamarrachadas varias.

Qué demonios, he pensado, y me he concedido como regalo de reyes atrasado un par de horas para elaborar mi propia, churrigueresca lista. Eso sí, cutre y corto de reflejos que es uno, vamos a proceder, lentos pero seguros, con un año de retraso: comprobando si aquellos que a finales del 2007 estaba llamados a ser los enésimos nuevos Beatles han aguantado el tipo, si el hit ha hecho finalmente bluff, si hay que creerse o no el hype, si... En fin, creo que se entiende.

Quién sabe, a lo mejor iniciamos aquí una hermosa tradición, un nuevo ritual anual. Empecemos por recordar los 10+1 (ay, la originalidad como sobrevalorada virtud) discos editados durante el 2007 que, sosteníamos a finales de ese año, más mejor nos habían gustado:

Vic Chesnutt - North Star Deserter
Bishop Allen - Broken String
Los Planetas - La leyenda del espacio
Six Organs of Admittance - Shelter From The Ash
Arcade Fire - Neon Bible
Panda Bear - Person Pitch
Giardini di Miró - Dividing Opinions
Elvis Perkins - Ash Wednesday
Radiohead - In Rainbows
The National - Boxer
Richard Hawley - Lady's Bridge

Lo que nos queda es repasar, en un par de posts y doce meses más tarde, cuales son, ya sin ningún género de dudas, con convicción absoluta y total certeza, los 10+1 más mejores discos del 2007 [sic].

04 enero 2009

El buen antivirus contra el gusano asesino y otras (breves) historias

Hipnotizado, con la taza de café ya frío en la mano, observa como se deslizan por la pantalla los nombres de mil y un archivos: películas, canciones, imágenes. Reducidos cada uno de ellos a una simple línea de texto, que remite a su vez a una ubicación cualquiera al interno de un disco duro infectado, moribundo. Imposible apartar la mirada de la incesante letanía visual; imposible igualmente asociarla con la batalla silenciosa que se libra en las tripas de silicio, identificarla con el intento desesperado por salvar una/la/su memoria.

Puro sucederse de datos, de citas, de referencias descontextualizadas. Pura reiteración visual, aséptica y obsesiva iteración. Fuego que crepita, dulce que borbotea mientras cuece lentamente, lava emergiendo del volcán. Sucesión interminable e indiferente. Pulsión irresistiblemente vacua de la mirada abandonada.

La cultura, la memoria, reducida a una secuencia de nombres, fechas, títulos, duraciones, peso en gigabytes y, en fin, ubicación al interno de una única, monstruosa, unidad central.

Interior, casi día. El brillo frío de un monitor ilumina la escena. Se intuye a través de las ventanas la luz sucia del amanecer. Oímos, mientras se aleja, el lamento apagado de un autobús que no saldrá hasta dentro de tres noches. El sueño no acaba de llegar.